
Hay un cuarto de espejos
de caderas donde pende el mas vivo otoño
desnudo.
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Un cuarto, un espacio creyendo en sus limites
de aire reproduciéndose
entre heridas que deja una lluvia de pestañas.
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Ese espacio cuida su tristeza
mantiene esa quietud que esculpe una rutina
sintiendo como el tiempo cierra su conjunto de elementos.
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Los encerrados cuerpos encerrados en sus reflejos
dialogando de percepciones varadas
que no se desprenden del engaño de que todo es continuo.
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La única erupción de revolución
fallece entre gritos cuervos
nada se quiebra aun estando unido en apariencia.
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0oº:07/06/05
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